LAS PRIMERAS NEVERAS

Las que todavía no conocíamos y nunca habíamos visto una nevera nos arreglábamos en un principio con la fresquera, un pequeño armario con puertas de alambre que se colgaba cerca de la ventana para guardar los huevos, el queso, o la mantequilla. Mi casa de Marcial del Adalid compartía patio con la de mi querida amiga Angeles Angulo, cuya madre puso en una ocasión una barra de chorizo sobre la fresquera y recuerdo ver como un gato trepaba hasta su ventana del primer piso para hacerse con el preciado botín. Cuando se necesitaba conservar algo muy frío, se requería el hielo, que venía desde el almacén de Linares Rivas hasta Juan Flórez. Luego, valiéndose de una arpillera, los hombres subían a los domicilios las pesadas barras que eran picadas e introducidas en cubos con serrín, para que el hielo durara más tiempo. Como se hacía la compra diaria, las familias se iban arreglando así. La leche también se vendía a domicilio transportada por mujeres, que iban cargadas como mulas. La medían por cuartillos y juraban que no les habían añadido agua para alargar la medida. El control de higiene no existía en absoluto, con lo que había que hervirla bien para su posterior consumo, aprovechando para hacer mantequilla con la nata que se acumulaba en su superficie y que se retiraba con una espátula una vez que se enfriaba.

Que yo recuerde, las dos primeras neveras que conocí en mi vida estaban en casa de dos de mis amigas. Maruja Guyatt vivía con su suegro, cónsul inglés, en el número 1 de Linares Rivas, donde también estaba el consulado. Eran dueños de todo el edificio y en su magnifica casa descubrí la nevera que habían traído de Inglaterra.

La otra nevera la conocí en casa de Mimi González Ancos, Mimi fue mi mejor amiga desde que llegó de Cuba, en el año 45. La familia se instaló en un principio en el Hotel Palace. Trajeron un impresionante Aiga, con chófer y una niñera negra. Su llegada fue un verdadero impacto en La Coruña. Nos dejaba fascinados con sus inéditos trajes de baño americanos. Su increíble figura y sus perfectos clavados desde el trampolín de la piscina de La Solana, agolpaban a una interminable lista de pretendientes a la salida del vestuario, con la esperanza de robarle una mirada. En seguida nos hicimos amigas, y nuestra amistad perduró hasta que falleció, rodeada de cariño, en 2008. Lo habían perdido todo con Fidel Castro, pero su coraje le permitió sacar adelante a todos sus estupendos hijos que fueron criados con los míos. Fue una verdadera amiga, una amiga de las de verdad. Todavía hoy me conmuevo al recordarla, jamás la olvidaré.

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3 respuestas a LAS PRIMERAS NEVERAS

  1. Crisanto dijo:

    Yo nací en 1963 y viví en la Calle Caballeros (=el quinto edificio contando a partir del Cine Monelos) hasta hace pocos años. ¿Qué Maite eres tú?

  2. Maite dijo:

    La primera nevera que trajo mi padre a casa, era sin cables ,pues no era electrica logicamente,y me acuerdo perfectamente como introducian en ella las barras de hielo que tú comentas.
    Yo vivía al lado del cine Monelos en la calle Caballeros,en la misma acera había una lechería ¡que rica aquella leche! recuerdo aquella nata que comíamos con azúcar¿te acuerdas?

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