COSAS DE SALUD

Ni que decir tiene que ante la amenaza de tantas plagas como había de piojos, chinches, pulgas y demás incómodos visitantes, las casas se limpiaban a conciencia. Las criadas lavaban los jergones de las camas y cepillaban el suelo con gasolina para después encerarlo. Después de unos meses se eliminaba la gasolina con agua hirviendo y se volvía a iniciar el ciclo nuevamente con la gasolina y la cera. El baño, con jabón, lejía y tierra blanca. Todo esto cambió cuando llegó el DDT. Aún así, las pulgas estaban por todas partes, en el colegio, en las iglesias y en los cines. Cuando llegábamos a casa solíamos sacudir la ropa para desprendernos de algún insaciable parásito que pudiera acompañarnos.

Aunque durante la semana lo hacíamos por parroquias, revisándonos nuestra madre cuello, orejas, dientes y uñas, la sesión de baño era el sábado, en el agua caliente que transportaban las cañerías desde el depósito caldeado por la cocina bilbaína de carbón. El pelo lo aclarábamos con vinagre, para darle un aspecto más brillante. Hace un par de años viajé a Barcelona y fui a visitar la casa donde vivió Gaudí, y cuando estuve en el cuarto de baño me conmovió ver una estancia como la que recuerdo de mi niñez, incluso con un irrigador colgado, similar al nuestro y la socorrida bacinilla de porcelana.

Pero todo esto no era nada comparado con las terribles enfermedades que diezmaban a las familias de aquellos tiempos. La devastadora poliomielitis atacaba sin piedad a los niños, lo mismo que la meningitis o la tuberculosis, vacilo contra el que nuestras madres creían combatir si comíamos mucho. Afortunadamente, la mayoría han sido erradicadas o bien combatidas con vacunas y medicamentos que las previenen y tratan eficazmente.

Otra de nuestros pavores era la rabia, una plaga que causaba la muerte a multitud de animales y desafortunadamente también a personas. Cuento en otra entrada lo que nos impresionó el fallecimiento de uno de los hijos de Fariña, atacado por un perro infectado en su propia casa de Juan Flórez.

Me contaron que en una ocasión, mis tres tías y mi abuela se habían refugiado en el baño del final de la galería de la casa de la calle Real, aterrorizadas al comprobar que su apacible gato se había vuelto rabioso. Desde la ventana que daba a La Marina pedían ayuda, despavoridas. Alertado mi padre de la situación, subió a la casa acompañado de un municipal armado, quien al intentar entrar y ver al furioso animal dando bufidos y saltos para echársele encima, dijo: “!yo aquí no entro!. Si usted quiere pasar, le dejo la pistola y lo mata usted”. Ante tal muestra de arrojo de la autoridad, allá fue mi padre, sin pensárselo dos veces, a liarse a  tiros con el felino, que pronto cayó abatido desde el alzadero donde se había encaramado. Todavía hoy se puede comprobar en la madera de la casa las muescas de aquellos proyectiles.

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Una respuesta a COSAS DE SALUD

  1. ALICIA dijo:

    Hola, he llegado a este blog buscando información sobre el palacete de Juan Florez y llevo casi hora y media sin dejar de leer. Me encanta. Soy coruñesaa y creo que tenéis que compartir todo esto en las redes sociales. Estas historias debe conocerlas más gente.
    Por cierto, Malde ya no existe y la han convertido en una tienda de Surf. Si entras puedes apreciar algo de aquello, pero es realmente triste lo que han hecho con tal establecimiento. Le han arrancado el alma.
    Seguid escribiendo!!
    Gracias

    Alicia

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