¡MENUDA PANDA!

La pandilla de mi marido Cheché Abella estuvo muy unida desde la niñez. Yo les tuve muchísimo cariño a todos, aunque de jóvenes eran de armas tomar. Los recuerdo muy bien. Lin Carricarte, simpatiquísimo, le llamaban con sorna el “Mazapulpos”, ya que en el servicio militar asumió con resignación la amarga tarea de golpear los pulpos contra una piedra para que estuvieran más tiernos en el rancho. Pero eso no quedaba así, él se vengaba del mundo cruel satisfaciendo sus necesidades menores contra la tan utilizada piedra. Moncho Rivera, el más osado y atrevido. Recuerdo le obligaban a estar en la casa de Ciudad Jardín a las 10, y claro, Moncho nunca estaba. Sus padres cerraban la puerta y soltaban a los perros, tan fieros que Moncho tenía que plantearse o dormir sentado en la calle, o bien colarse rápidamente por la puerta cuando la criada bajaba la basura. Antonio Malingre, el más deportista, excelente nadador, campeón de waterpolo y experto saltador de trampolín, pero peleón… como él solo. Pepe de Llano, apodado “Bocanegra”, por los infinitos e inauditos tacos que soltaba. Los más formales, dentro de un orden, César Cobián y Manolo Mosquera, el único que queda vivo y con el que me encanta encontrarme por la calle. Joaquín Romay, compañero de waterpolo de mi marido, del que recuerdo una pelea en la que sólo se veían saltar a marineros ingleses que se habían metido con él. Fernando Molina, el “Peras”, un hombre con una capacidad infinita para divertirse y pasárselo bien. Antonio Sánchez Camporro (Antonio Campo en su ámbito de la ópera), educadísimo y de una categoría humana excepcional. Un día me lo encontré paseando un perrito blanco y le pregunté “pero Antonio, ¿y tú, con un perro” a lo que él me contestó “ya ves, mi hija Marta me lo dejó para un fin de semana… ¡hace 4 años!”

Don Narciso Correa, era un hombre con una gran barriga, bastón y popularísimo personaje coruñés. Su voz atiplada y chillona llamaba muchísimo la atención en la terraza del Casino, donde los señores se sentaban a conversar y ver pasar a la gente. Tanto era así, que en algunos despertaba cierta manía. Cuando estos sinvergüenzas se percataban de la presencia de este pobre hombre dirigiéndose hacia el Casino por la calle Real, se sorteaban a quien le tocaba ponerle la zancadilla para enfurecerlo. Les divertía oirle vocear blandiendo su bastón “¡Perillán!” “¡Ya verás cuando te coja!”

Muchos de ellos iban al colegio Dequit: “Kikiriquí, Kikiriquí, todos los burros pasan por allí”. Mi cuñado Alfonso y Tanín Suances solían latar una barbaridad. En una ocasión el cura dio las notas de un examen del día “Alfonso Abella: cero” “Pero señor, si hoy no está”, le dijo un alumno. “Es igual, le queda para mañana”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en amistades. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¡MENUDA PANDA!

  1. Marichi Sánchez Vigo dijo:

    Don Narciso, creo que era un sacerdote, párroco de la iglesia de Santiago, que más tarde, cuando se fue destinado a otra ciudad, creo que Sigüenza, nos visitaba todos los veranos. Recuerdo que mis padres le invitaban a comer a nuestra casa, y él daba buena cuenta de la comida , y en el café, que solía casar con la copa, contaba que se pasaría la tarde confesando. Una amiga, Totora, contaba con gran gracia sus confesiones con este sacerdote. Pasados los años, escribió un libro en el que, entre otras cosas, contaba sus experiencias en las distintas casas de La Coruña dónde le invitaban a almorzar. Afortunadamente, nos dejó bien en el libro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s