COSAS DE COLEGIO

Mi padre fue Jefe de Telégrafos por oposición, como lo fue también su padre. Por razón de sus destinos, viví en Barcelona desde que tenía pañales hasta los 8 años, en el año 1935. Fuimos enormemente felices en aquella ciudad e hicimos excelentes amigos. Por primera vez en nuestras vidas acudimos a un colegio laico y mixto, cosa inaudita en La Coruña, y recibimos un exquisito trato por parte del profesorado. Pero, ¡hay cuando volvimos! Fuimos a un colegio en la calle Rubine, al lado del Ideal Gallego. Sólo niñas, por supuesto. No consigo recordar su nombre, pero allí nos preparaban para el ingreso en la Escuela de Comercio, donde me matriculé posteriormente e hice amigas para toda la vida. Lo que sí recuerdo es lo increíblemente estricta y malhumorada profesora que allí nos impartió las enseñanzas. La Letanía y el Oremus en latín, de rodillas y a base de coscorrones hasta que se recitara bien y de memoria. Hoy, a los 83, puedo repetirlo de corrido, ¿será verdad lo de “la letra con sangre entra”?. Después, un poco de matemáticas, geografía, pero sobre todo, religión y más religión. !Ave Mª purísima! al entrar en clase, y al salir, la Salve cantada también en latín. Con traje negro y hasta los pies, así recuerdo a doña Leonor Regueira No. Así es, ese era su segundo apellido.

Siento asimismo un pinchazo emocional al recordar como, de una manera cotidiana y rutinaria, los colegios privados de religiosos se convertían también en crueles elementos de discriminación social, al habilitar su entrada principal para el acceso de los niños que pagaban y utilizaban uniforme, obligando a los pertenecientes a familias de menos recursos a utilizar, además de uno secundario en el lateral del recinto, diferente salida y horario de recreo. Esta humillación, que entonces considerábamos insustancial, no ocurría en los colegios públicos e institutos.

Permanecen imborrables en mi memoria los nombres de tres maestras ejemplares.

La primera de ellas, mi tía abuela Consuelo Colmelo, maestra destinada en Carballo, donde permaneció 50 años instruyendo a los niños y niñas en los ratos que estos podían excusarse de sus obligaciones en el campo y la economía doméstica. Aún así, nos contaba como se quedaba con ellos horas después del final de las clases para que no se quedaran rezagados. En todo este tiempo, sólo dejó de dar clase un día, y lo hizo, para acudir al entierro de su padre. Fue reconocida con la Orden de Alfonso X.

María Barbeito, una mujer ejemplar y siempre presente en la vida social y cultural de la ciudad, donde inició su actividad como maestra, inspectora escolar e impulsora de instituciones de intenso contenido social. Su fuerte compromiso con la justicia le costó sin embargo su destitución en 1936 y la condena al ostracismo. La ciudad de La Coruña le tributó posteriormente dándole el nombre a la calle que da acceso a la Plaza de María Pita.

Mi tía Carolina, hermana de mi padre, maestra y enfermera. Preparaba para el ingreso y además daba clases de declamación, piano, buenos modales y hasta de encaje de bolillos. Fue una adelantada a su época, modernísima y con mentalidad muy avanzada en temas de injusticias y de derechos de la mujer. Por su casa de la calle Real 13-3º pasaron infinidad de niños y niñas, aunque también algunas señoras. Los viernes a las cinco, recibía a un grupo de ellas que, aunque conocidas y que por supuesto excuso citar, digamos que … presentaban ciertas carencias en su formación. Les enseñaba vocabulario, ortografía, cultura general, y les cultivaba los buenos modales y el saber estar. Hacia el exterior y para mantener las apariencias esa clase de los viernes era, oficialmente, una clase de piano.

Tengo que recordar también lo mucho que se atizaba y se siguió atizando en los colegios. Yo saqué a mi hijo José Ignacio (justo debajo del padre Victor en la foto) de los Dominicos con nueve años porque le aterraba tener como profesor al padre Víctor quien previamente le había destrozado el tímpano a Pío Rascón (justo a la derecha del religioso) de un tortazo. Mi padre había escrito la nota dirigida al religioso cuya postdata fue censurada por mi madre antes de enviarla: “Me imagino que conocerá las razones por las que hemos decidido que mi nieto José Ignacio no vuelva a este colegio. P.D. Puede dedicarse usted a tocar la campana.”

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2 respuestas a COSAS DE COLEGIO

  1. Mary Adela dijo:

    Con el nombre de Maria Barbeito, hay un colegio en el barrio del ventorrillo
    Muy interesante el bloj, Hay muchas cosas que recuerdo a pesar de tener 50 años.

  2. Maite dijo:

    ¡Tienes mucha razón! yo todabía recuerdo el saludo completo que nos dirigíamos entre la monja de francés y el resto de la clase y de esto hace más de cincuenta años

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