JUEGOS DE NIÑOS

Me pasé gran parte de mi niñez jugando en la Plaza de Vigo. Os podréis imaginar cuantas Plazas de Vigo diferentes he visto (creo que cinco, al menos). La primera, al no existir el garaje subterráneo, tenía una fuerte pendiente hasta Federico Tapia, que era salvada con una continuación de escaleras, que bajábamos como locas en bicicleta, y unas altas murallas desde las que inconscientemente nos precipitábamos después de santigüarnos y coger un fuerte impulso al grito de “¡¡ San José, si me mato me maté!!”. Eran los años 30, teníamos unos 10 años y todavía hoy no me explico como no nos partíamos todos los huesos con esos brutales pasatiempos.

Salvo los meses más crudos del invierno, bajábamos a jugar a diario un montón de amigas. Mis íntimas, las Sellés, bajaban conmigo, llevando todas la misma merienda, pan con una onza de chocolate El Viso embutido en la miga. Después, Lola Sellés decidía a qué jugábamos: a la cuerda, al escondite, al diabolo, a la mariola, o … a llamar a las casas con la aldaba. “¡¡¿Quiéén … ?!!”, oíamos en la lejanía, a lo que respondíamos eufóricas y al unísono “¡¡El rabo de la sartéen …!!”, a la vez que corríamos a trompicones para alejarnos de la escena.

Un día, Lola nos preguntó algo que nos sobrecogió. “¿Habéis visto alguna vez a un muerto?. ¿Cómo será?”. Una pregunta así de Lola era, sin duda alguna, preludio de acontecimientos inesperados.

Para ofrecer el duelo a los que fallecían, era costumbre en aquellos tiempos colocar una mesita en el portal donde vivían los familiares del difunto, para situar un crucifijo y una esquela, además de una pluma, su plumilla y un botecito de Pelikan para escribir el pésame. La mesa se cubría con faldas negras si el fallecido era un adulto y, con blancas, si se trataba de un menor.

En los últimos portales de Pardo Bazán, Lola localizó una de estas mesas, en esta ocasión, cubierta con faldas blancas para ofrecer el duelo a una pobre niña que no conocíamos de nada. Allí fuimos, estremecidas por la emoción. Subimos al piso, la puerta estaba abierta y vimos, por primera vez en nuestra vida, el cuerpo inerte de un ser humano. La familia, al comprobar nuestra presencia, nos rodeó y abrazó entre sollozos, tratando de consolarnos al creernos amigas de la pequeña. Todas nosotras también nos pusimos a llorar amargamente abrazadas a los familiares, contagiadas por la situación que nos había superado. Nos fuimos apenas sin hablar, pero todavía gimoteando e hipando a causa del disgusto.

Ya en la calle y una vez recompuestas, Lola nos dijo “Que bien hicimos ¿verdad? ¡qué contenta se puso la familia al vernos!”. Sus palabras contribuyeron a que todas sintiéramos una tranquilizadora paz interior al creer haber hecho una buena obra, y corrimos a contarlo en nuestras casas. Ni que decir tiene, no volvimos a intentar ver a ningún otro muerto más.

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2 respuestas a JUEGOS DE NIÑOS

  1. ¡¡Enhorabuena por tan entrañable blog…!! Lo descubrí hoy de casualidad y me encantó la manera tan agradable de contar esas bonitas historias. Encantadora nuestra Coruña de antes… y la de ahora, muy diferente, pero igualmente encantadora. Enhorabuena y a continuar así.

  2. Ely dijo:

    desde luego, no se consuela el que no quiere, y tu amiga era experta!

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